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2014/03/20

Dibujamé un PACMyC


Hoy he visto la convocatoria del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC), llegó a mi vía mensaje de un exalumno en Facebook.

Lo primero que me llamó la atención de la convocatoria fue la imagen de portada, es un personaje bicéfalo en blanco y negro sobre fondo blanco, es muy interesante, hoy día después de varios años de estar inverstigando los códigos de la imagen, me detuve a pensar por un momento en las reflecciones del artista para llegar a la conclusión de este encargo, si la imagen fue encontrada en Internet igualmente se requiere de un proceso de reflección para ilustrar el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC).

¿Como se elige una imagen? Por lo general, y hablo por todos los ilustradores con los que convivo, partimos de las palabras y sus significados, las primeras ideas de dibujo suelen ser muy literales a lo que se menciona en un enunciado, si el texto menciona una “silla”, dibujamos una silla, pero si el texto menciona “tiempo” inmediatamente dibujamos un reloj para representar el tiempo, a este paso lo llamamos conceptualizar los términos.

Si me piden dibujar la portada del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias lo primero que analizó son los conceptos de cada palabra para imaginar la síntesis mayor del dibujo que haré, por ejemplo: “Programa”, me imagino una cuartilla con algunas líneas a manera de índice, en mi cabeza ya resolví un primer intento de representar gráficamente una palabra. Segunda palabra “Apoyo”, por lo general hubiera imaginado un saludo de manos, segunda palabra resuelta. Tercera palabra “Culturas” la palabra me remite al Museo de CULTURAS Populares, en ese caso extraigo una artesanía para representar la palabra “Culturas”; ahí podría decir que tengo resuelto el enunciado, para mi ya no es necesario ilustrar ni “Municipales” ni “Comunitarias” porque en realidad me imagino un mapa para una y muchos personajes para otra, eso complicaría el ejercicio, lo optimo es sintetizar la idea, por otro lado cuando la palabra se complica vale la pena ir a su raíz, al origen de la palabra. La síntesis de mi primera idea quedaría así: “un cuadrito con líneas al interior saludando a una artesanía”, esa seria mi primera propuesta. Lo mas seguro es que no aceptaran la parte de la cuartilla con manita, por la rigidez del personaje, es muy probable que mi cliente me solicite solo la artesanía, en tal caso no me sentiría satisfecho del resultado por estar representando una sola palabra de un enunciado de nueve palabras, es como ilustrar el cuento de Caperucita Roja solo con Caperucita Roja.

Regresando a la portada que vi. Es el dibujo de un PACMyC, es la figura de un no se qué, es justo el dibujo de una palabra sin significado. ¿Será?

El acto de ilustrar parte necesariamente de conceptualizar las palabras, mas no así el de dibujar. Como humanidad todo nos a entrado por la mirada, para reconocer lo que vemos lo hemos racionalizado y convertido en concepto, en palabra, si algo no lo podemos ver lo podemos entender a través de las palabras, para trasmitir un mensaje a través de una imagen, es necesario entender las palabras para representarlas gráficamente.

En el ejemplo de la portada, el personaje pareciera no tener relación con los conceptos anteriormente mencionados (Programa, Apoyo, etc.), analizando un poco la figura descubro que tiene dos cabezas eso ya me habla de multiplicidad, pertenecen a un mismo cuerpo que me habla de unidad y por que no, de cooperación, todo su cuerpo tiene aristas que en mi imaginario representan múltiples personalidades, como es el caso de las culturas, todo su cuerpo esta pintado de símbolos blancos, unos me recuerdan esta primera idea de hacer líneas en una cuartilla para representar la palabra “Programa”, los otros símbolos son circulares con un punto al centro de cada uno, a manera de representación de ojos, múltiples miradas casi todas vigilantes y por último una de las “cabezas” tiene cuernos, hoy en día se asocian a la maldad ya que representan un arma, pero en la antigüedad  era simbolo de poder. Moisés lleva cuernos, que son rayos luminosos (así en la célebre estatua de Miguel Ángel). Simbolizan el poder espiritual que emana de su persona. Los cuernos de la figura de PACMyC me representan el poder de la sociedad y sus comunidades. 




Los que ilustramos o dibujamos tenemos una memoria visual privilegiada, para hacer un dibujo busco en mi archivo de imágenes mentales y continuamente hago asociaciones de imágenes, al ver esta figura recordé el trabajo de body paint de Keith Haring (abajo), es otra manera de iniciar un trabajo y por ello es tan importante para nosotros observar y retener en la memoria la mayor cantidad de imágenes. El body paint de la imagen me recuerda las pinturas de algunos pueblos indígenas y aborígenes pero en un sentido moderno, todo eso también lo contiene el personaje de PACMyC. 




Anotó el link por si quieren participar en la convocatoria de PACMyC

2009/05/08

2008/04/05

Chioggia


Con esta imagen gané el Segundo premio en el I Concurso “Escorzos y Vistas de la ciudad de Chioggia” convocado por la Asociación Cultural Teatrio en Italia, el texto es de mi novia y acompañará mi imegen en el catalogo que editará la misma asociación.

Clodia era el nombre que sus padres le habían dado, y Clodia era un nombre que había aprendido a odiar sabiendo desde el principio de sus días que algo andaba mal. Clodia era un nombre que no aparecía en ningún libro conocido y Clodia no era Clodia, por que no sabía siquiera que era una Clodia: que formas tenía, cual era su olor, que sonidos emitía. Alguna vez preguntaría a su madre ¿Por que Clodia es mi nombre? y la madre, señalando el cielo, le explicaba que entre las nubes se encontraba la respuesta. ¿En qué nubes? Eso no lo decía su madre, eso se lo guardaba para ella, pero la solución no se encontraba en nube alguna que ella conociera. ¡Cómo le gustaban los acertijos a su madre! o quizá ella tampoco sabía la respuesta y Clodia había nacido simplemente Clodia, sin ningún lugar a dudas, cambios o reproches. Y como todos, Clodia creció sabiéndose Clodia sin entender que era ella a ciencia cierta, vivió su vida como veía que lo hacían todas las demás personas, se casó, tuvo hijos y estos hijos tuvieron hijos, pero Clodia supo siempre que algo andaba mal. Clodia envejeció y pasaba los días viendo las nubes, buscando formas, texturas, buscando aquella que le explicara que era una Clodia y por que ella lo era, buscando aquello que añoraba, intentando recordar algo tan olvidado que ya no podía ni siquiera pensar en ello. Y un día al ver su cara en el espejo ya no veía a la misma Clodia de antes, la mirada no brillaba, la risa no asomaba, la pie se resquebrajaba, y es que algo andaba mal, el espíritu de Clodia se había roto en algún momento y se había perdido en algún lugar. Paso el tiempo (Qué el tiempo siempre pasa, incluso para Clodia) y Clodia comenzó a viajar, siguiendo las nubes, dejando que los mares y las aguas la llevaran a su antojo, y tal vez fue cosa de suerte, destino dirían algunos, cuando la fresca brisa al desembarcar le dijo que había llegado a casa, un lugar que nunca antes había escuchado nombrar, pero de algún modo le resultaba reconfortante, quizá por que se le antojase familiar, quizá por que la recibía con los brazos abiertos, como a una hija perdida. Clodia camino por los puentes y el fino aroma de las rosas se mezclaba sutilmente con el frescor casi agobiante del pescado en los mercados, en el que Clodia reconoció su propio aroma, Clodia fue recordando y recordándose y navegó en sus balsas y en el reflejo del agua por fin encontró algunos pedacitos de su espíritu perdido. Clodia recorría las calles y se asomaba a los rincones, entraba a los teatros, a y pieza por pieza, sombra por sombra, Clodia zurcía su espíritu, remendándolo por aquí y por allá. Pero faltaba algo. Ya casi al anochecer, cansada de tanto buscar, Clodia llegó al puerto, las redes de los pescadores recogidas, las bricolas recortándose entre las sombras. Un jovencito en bicicleta acertó a pasar por ahí y, preocupado por el aspecto tan extenuado de la vieja mujer, preguntó si se encontraba bien.

-Estoy bien, hijo. Me estoy esperando a mi misma. No tardaré mucho en llegar.

El chico siguió su camino (Probablemente pensando como todos pensaban, “loca, loca”) y Clodia se levantó del banco donde descansaba. Ya comenzaba a anochecer y el brillo del cielo se confundia con el del mar, y entonces, en ese justo momento, Clodia encontró lo que toda su vida había buscado: aquel remolino de nubes que la envolvía, que la incendiaba. Y Clodia entonces pudo recordar sus nombres: Clodia, Cluza, Clugia, Chiozza, Chioggia. Y Clodia encontró de nuevo su espíritu, fuerte, jóven, salado y marino. Y ahí, fundida con las nubes, arropada de salitre y niebla, todo estuvo bien.


Mariana Rodríguez